Mes: mayo 2008

LOS BERRINCHES

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Ante todo tenemos que diferenciar el significado de los berrinches. A continuación vamos a hablar de los berrinches que aparecen entre el año y medio hasta los tres años. En la siguiente lectura hablaremos de los berrinches entre los tres y los cinco años.

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Si los berrinches aparecen alrededor de los 2 años, éstos son ‘normales’, no nos vamos a horrorizar ni preocupar demasiado por ellos, sin embargo hay que tener cuidado de que no se vuelvan parte de la conducta habitual del niño.

¿QUÉ PUEDEN HACER?

Primero dense cuenta que su hijo está creciendo y está convirtiéndose en una personita, con su propia voluntad. Esta es una etapa de transición y hay que acompañarlo. A continuación les expongo varias cosas que pueden hacer para ayudarlo y para que los berrinches eventualmente desaparezcan.

  • Cuando el niño tiene un berrinche en casa, llévelo a un lugar donde pueden estar Uds. 2 solitos, a su cuarto, al jardín, al sofá, y lejos del lugar donde le dió el berrinche.

  • Cuando el niño tiene un berrinche lejos de la casa, por ejemplo en un supermercado o en un restaurante, llévelo a un lugar donde pueden estar Uds. dos solitos, seguramente al automóvil.

  • No lo deje solo. Espere que se calme. No se puede hablar con él si está agitado.

  • Réstele importancia al berrinche. No es el fin del mundo. Mientras el niño se calma, Ud. está allí, lo acompaña físicamente, pero póngase a pensar en algo agradable, positivo y no en lo difícil que se está poniendo su hijo.

  • Cuando su hijo se haya tranquilizado dígale únicamente, pero con mucha firmeza, que no puede portarse así y explíquele brevemente lo que hizo. Inmediatamente distráiganlo con otra actividad… algo que le guste, que él haga bien.

  • Elogie como está comportándose en la nueva actividad y ni una palabra más sobre el berrinche.

Su mensaje a su hijo a través de todos estos pasos es: Te quiero mucho y no te voy a abandonar en este momento difícil – pero no voy a permitir los berrinches.”

Una pregunta muy importante y básica que tiene que hacerse ahora que su hijo empieza a crecer y a ejercer su voluntad.

  • ¿Quiere que su hijo la obedezca?

  • ¿Quiere que su hijo se porte bien, entienda lo que eso implica y coopere con Ud.?

Si está interesada únicamente en que su hijo la obedezca, seguramente ese es un niño que va a reaccionar con muchos berrinches – si en cambio Ud. busca su cooperación y sigue los pasos arriba expuestos, Ud. verá como los berrinches van a desparecer poco a poco.

No deje de hacer también lo siguiente:

  • Avísele a su hijo con tiempo cuando hay un cambio de actividad.

    • “Dentro de 5 minutos vamos a salir.”

    • “Dentro de 5 minutos vamos a comer.”

  • Aunque el niño no sabe todavía lo que son 5 minutos, se va acostumbrando a que hay un período de transición entre lo que está haciendo y lo próximo. Este paréntesis le va a permitir “despedirse” de la actual actividad y/o guardar sus juguetes.

  • Antes de ir a cualquier lugar público explíquele al niño como se debe comportar, lo que puede hacer y lo que no puede hacer. Por ejemplo, si va a un supermercado y no quiere comprarle golosinas o juguetes, tiene que acostumbrarlo desde muy pequeñito. Explíquele claramente que no le va a comprar golosinas o juguetes. Dígale que Ud. necesita que él la ayude buscando las cosas que están en su lista y explíquele para que sirven los productos que está comprando. Haga que participe en la compra y que se sienta importante porqué la está ayudando.

  • Armese de paciencia pero sea firme.

  • Ciertas ocasiones se prestan para que Ud. le presente alternativas entre las cuales el niño pueda escoger. Luego que él escoja felicite al niño por su escogencia y si quiere, explíquele porqué fué una buena escogencia. Por ejemplo, cuando una niña se va a vestir, en vez de revisar todo el escaparate y gavetas para buscar lo que se va a poner, Ud. le presenta 2 o 3 opciones y que ella decida entre ellas.

  • Aparte tiempo para ayudar al niño cuando tiene un berrinche. Recuerde que ésta es una fase pasajera y el tiempo que invierta en esto es importantísimo. Por un lado está eliminando los berrinches y por otro lado su hijo se está dando cuenta de lo que puede y no puede hacer, a través de una manera muy poco violenta (sin nalgadas, ni castigos) y está aprendiendo a cooperar con Ud.

  • Por último, piense que Ud. y su hijo van a salir bien de esta fase, piense en lo que le gusta de él y dígale que lo quiere.



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La importancia de educar bien a los hijos…

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Recuerda que un hijo es… un regalo de Dios. “La más rica de las bendiciones”.

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No trates de amoldarlo a imagen tuya o de tu padre, de tu hermano o tu vecino. Cada niño es individual y tiene que permitírsele ser el mismo.

  • No aplastes el espíritu de tu hijo cuando el falla.

  • Nunca lo compares con otros que lo hayan sobrepasado.

  • Recuerde que el enojo y la hostilidad son emociones naturales.

  • Ayuda a tu hijo a encontrar una salida social aceptable para estos sentimientos normales o estos volverán hacia dentro y explotarán en forma de enfermedad física o mental.

  • Disciplina a tu hijo de una manera justa y razonable.

  • No dejes que TU enojo te saque de quicio. Si el sabe que tú eres justo, no perderás su respeto y amor. Porque aún el niño mas joven tiene un sentido muy agudo de justicia.

  • No le des a tu hijo todo lo que su pequeño corazón pide. Permítele conocer la emoción de ganárselo y la alegría de conseguirlo. Concédele la más grande de todas las satisfacciones, el placer que viene con el logro personal.

  • No te pongas como lo máximo, o la perfección. Es un rol muy difícil de jugar 24 horas al día. Tú te darás cuenta que es más fácil la comunicación con tu hijo si le dejas saber, que mamá y papá también pueden cometer errores.

  • No le amenaces cuando estés enojado o le hagas promesas imposibles cuando estés generoso.
    • Hazle advertencias o promesas sólo cuando tú las puedes cumplir. Para un niño, la palabra del padre significa todo. El niño que ha perdido la fe en los padres tiene dificultad de volver a creer en ninguna cosa.

    • No sofoques a tu hijo con demasiadas manifestaciones superficiales de ‘Amor’. El más pobre y saludable amor se expresa por si sólo en la educación día a día, la cual produce confidencia e independencia propia.

    • Enséñale a tu hijo que hay dignidad en el trabajo duro. Aunque se desempeñe con unas manos callosas paleando carbón o unos dedos hábiles manipulando instrumentos quirúrgicos. Déjale saber que una vida útil es bendecida y una vida fácil y en busca de placeres es vacía e insignificante.

    • No trates de proteger a tu hijo de cualquier pequeño golpe y decepción. La adversidad forma el carácter y nos hace compasivos. Los problemas son un gran igualador. Déjalo aprender.


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¿Para qué educar a mis hijos?

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Existen muchas razones por las cuales las personas deseamos educar a nuestros hijos. Si le preguntamos a un padre de familia, “¿Para qué mandas a tu hijo a la escuela?” o “¿Para qué lo estás educando?”. Encontraremos respuestas tales como:

  1. Para cuando sea grande tenga una buena ocupación.
  2. Para que sean alguien en la vida.
  3. Para que aprenda a valerse por sí mismo.
  4. Para que sea alguien importante (Licenciado, Ingeniero = prestigio).
  5. Para que aprenda, ¿qué significa todo eso?

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Ahora, bien, si preguntamos a dos niños, podemos obtener las siguientes respuestas:


Niño A

Niño B

¿Por qué vas a la escuela?

Porque me llevan mis papás para aprender.

No sé.

¿Podrás aprender en otro lugar?

No.

Sí, en la casa, en la calle con mis amigos, en un libro, en la biblioteca.

¿Qué quieres aprender?

Letras, números, dibujar, colorear.

Mecánica. Me gusta arreglar carros y checarlos.

¿Aprendes eso en la escuela?

Sí.

No.

Si no hubiera escuela, ¿qué harías?

Estaría aburrido.

Buscaría hacer cosas que me gustan, como mecánica. Puedo checar en un libro, en un taller.

¿Qué es lo que más te gusta de la escuela?

El recreo.

El recreo.

¿Por qué?

Porque puedo jugar con mis amigos, comer mi lonche y platicar.

Porque puedo jugar con mis amigos, comer mi lonche y platicar.

¿Qué es lo que menos te gusta de la escuela?

Las clases de matemáticas.

Que no me enseñan lo que me gusta.

Lo anterior nos muestra una comparación entre un niño que no sabe ni entiende lo que hace, es dependiente de un sistema y estaría perdido sin él y otro niño que tiene un interés definido y es capaz de encontrar sus propios medios de aprendizaje. Sin embargo, ambos casos coinciden en no disfrutar de la escuela, a excepción del recreo, donde gozan de “libertad” para compartir sus intereses con otros niños.

Lo sorprendente de esto es que si hacemos las mismas preguntas a un joven estudiante de la preparatoria o la universidad, la mayoría respondería como el niño A.

¡Le invitamos para que usted haga la prueba con sus propios hijos!

“El fin supremo de la educación, la moralidad.”

(Heibait, J.F. Pedagogía General.)

  1. ¿Educamos a nuestros hijos para la universidad o para el mundo
  2. ¿Educamos a nuestro hijo para él mismo o para los demás?
  3. ¿Lo educamos para que sea un buen hombre o un buen ciudadano?
  4. Hay que optar hacer uno u otro, porque no se pueden hacer ambos al mismo tiempo.

El hombre natural es todo para sí; él es la unidad numérica, el entero absoluto, que solo tiene relación consigo mismo o con su semejante. El hombre civil no es más que una unidad fraccionaria que depende del denominado, y cuyo valor está relacionado con el entero, que es el cuerpo social. Las buenas instituciones sociales son aquellas que mejor saben desnaturalizar al hombre, quitarle su existencia absoluta para darle una relativa.

He aquí un pequeño relato al respecto . . .

“Una mujer de Esparta tenía cinco hijos en el ejército y esperaba noticias de la batalla. Llega un esclavo; le pregunta sobre ella temblando: Vuestros cinco hijos han muerto. Vil esclavo, ¿te he preguntado eso? ¡Hemos obtenido la victoria! La madre corre al templo y da gracias a los dioses. He ahí a la ciudadana.

Aquel que en el orden civil quiere conservar la primacía de los sentimientos de la naturaleza, no sabe lo que quiere. Siempre en contradicciones consigo mismo, siempre flotando entre sus inclinaciones y sus deberes, nunca será ni hombre ni ciudadano; no será bueno ni para sí ni para los demás”.

Para ser algo, para ser uno mismo y siempre uno, hay que obrar como se habla; siempre hay que estar resuelto sobre el partido que se debe tomar, tomarlo abiertamente y seguirlo siempre. Espero a que se muestre ese prodigio para saber si es hombre o ciudadano, o como se arregla para ser al mismo tiempo lo uno y lo otro.

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Las piñatas…

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Para lograr la excelencia en la educación se necesita: PASIÓN POR LO QUE SE HACE, PERSEVERANCIA PARA LOGRARLO Y FE PARA HACERLO REALIDAD”.

Psic. HUGO HERCI

Actividades basadas en el método AIDHA . . .

El trenecito…

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Gracias… Mtra. Martha Cruz por ser una EXCELENTE EDUCADORA.

Los niños del jardín de niños “MALINTZIN” trabajando en base al método AIDHA . . .

La amistad en los niños…

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Gracias… Mtra. Jovita Guzmán por ser una EXCELENTE EDUCADORA.

  • ¿Cómo trabajar la socialización en los niños preescolares?
  • Actividades basadas en el método AIDHA . . .

Pintando la vida…

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Para lograr la excelencia en la educación se necesita: PASIÓN POR LO QUE SE HACE, PERSEVERANCIA PARA LOGRARLO Y FE PARA HACERLO REALIDAD”.

Psic. HUGO HERCI

Gracias… Mtra. Jovita Guzmán por ser una EXCELENTE EDUCADORA.

Actividades basadas en el método AIDHA . . .

Los padres somos de Marte y los hijos de Júpiter

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Entre padres e hijos: LA COMUNICACIÓN

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Consejos para mejorarla

Dices “papá”, y él riéndose y meneando los brazos, te dice que “aja”. Años después le dices “ordena tu cuarto”, y al rato te lo encuentras mirando la tele con la habitación hecha una cuadra. Dices “a las nueve en casa”, y un enano de trece años te responde que eres un “tirano” que “coarta” su libertad.


¿Es el español igual para padres e hijos?


Mientras LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA no saque dos diccionarios habrá que pensar que sí.

Padres e hijos tenemos muy distintas experiencias, lo que hace que ante una misma situación nuestras cabezas nos lleven a pensar cosas contrapuestas.

  • Por ejemplo…

    • Tu pequeño ve un perro enorme y sin bozal que se le acerca corriendo.

    • Lo único en lo que va a pensar es en abrazarlo y jugar, mientras tu no haces otra cosa que agarrarle en seguida y llevártelo lejos de ahí.

Si la vida es distinta “según el color del cristal con que se mire”, no hace falta recordar que nuestro cristal, es bastante diferente al de un peque que no ha salido de la guardería.

Y el caso es que ahora precisamente la persona que más nos importa crece con la cabeza en ese mundo de dibujos animados, juegos y risas mientras que nosotros pensamos en responsabilidades, obligaciones, facturas, problemas… Eso hace que entender lo que le pasa o lo que intenta decirnos sea a veces como intentar entender el chino. Y sin embargo…La soledad y la incomprensión es la raíz de la mayoría de los problemas psicológicos.

Cuando no nos sentimos en contacto con quienes nos rodean, podemos perdernos, notamos inseguridades o rechazamos ese entorno. Si esos comportamientos “infantiles” los tenemos los adultos, ¿cómo no van a pasarlos nuestros hijos?

Para que ese sentimiento de incomprensión no se meta en el niño, tiene que rodearle un ambiente adecuado, un ambiente del cual eres parte esencial.

Sigue éstas recomendaciones

…si quieres mejorar la comunicación con él.


  • Fíjate en la manera que tienes de escuchar a tu hijo.

    • A veces viene a decirnos algo absurdo para nosotros pero importantísimo para él. Puede que incluso nos cache en ese momento ocupados haciendo otra cosa. Sin embargo merece la pena evitar que tenga la impresión de que sus cosas “super importantes” no te interesan. Si puedes, para un momento con lo que estabas haciendo y espera a que él termine de hablar, y si estás muy ocupada hazle saber que tiene que esperar, pero díselo con cariño. Cuéntale que te gustará mucho escuchar eso más tarde, pero que te tiene que ayudar esperándose un poco.

  • Analiza los momentos que tienes al día para estar juntos y si estas aprovechándolos todo lo posible para conversar.

    • Hablar de cualquier cosa que nos pase, de que problemas tienes tu y cómo los piensas solucionar, de cosas que te gustan y de lo que le gusta a él, así nos conocerá mejor y podrás transmitirle tu manera de ver y entender el mundo.

    • ¿Tienes en la comida conversaciones sobre cosas en las que él pueda decir algo?

    • ¿Por qué no salir a jugar con él más a menudo?.

  • Evita traerte el mal humor a casa.

    • Los niños, sobre todo los más pequeños, tienden a contagiarse de nosotros.

      • Si nos ven preocupados o tristes ellos también se sienten así.

    • Por fin estás en casa, así que procura olvidar la carga antes de entrar y disfruta… incluso de los pequeños problemas que te trae ese ser de cinco años, tan distinto, pero con el mismo apellido.

  • Cuando te interrumpan en una conversación, date cuenta realmente si le estás dejando decir todo lo que quería.

    • Desde nuestra posición de adultos solemos arrancarnos a hablar en cuanto creemos saber de qué va el asunto, y eso a veces no le deja a vuestro hijo la oportunidad de darte un detalle que puede ser importante.

    • Pero si es él el que te interrumpe a ti, tienes que enseñarle, con cariño pero con firmeza, que eso no se hace.

  • En cualquier caso no te quedes en la superficie de las palabras, pues más allá de su significado, detrás siempre hay un sentimiento y un esta de ánimo que también tienes que intentar percibir.

    • A veces cuando decimos “hola” estamos tratando de expresarle a otra persona “me gustaría hablar contigo”.

    • Fíjate en el tono de su voz, en la gravedad que puede tener lo que te cuenta.

      • ¿Cómo se comporta cuando está preocupado?

      • ¿Esta buscando la conversación?

      • ¿Se calla?

      • ¿Habla sin parar de cosas sin importancia?

  • Fíjate en la manera que tiene de hablar con sus compañeros o con sus muñecos.

    • ¿Es la misma con la que te trata a ti? Si no es así, deberías pensar en cómo te diriges a él, porque quizás le estés intimidando.

Broncas, discusiones… Corregirle sin equivocarse

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  • La confianza y el cariño tienen que ser incondicionales.

    • Un error muy habitual cuando el niño hace algo mal es mostramos fríos con él o herirle (si te portas mal o suspendes, me decepcionas y por eso te quiero menos….).

    • Aunque con esa actitud consigues a corto plazo que el niño intente cambiar, a la larga le creará mucha inseguridad el que tu le valores o quieras dependiendo de sus resultados.

  • Muchas veces puedes llegar a pensar que eso que se conoce como El Muro de las Lamentaciones, en el que la gente va y suelta sus sermones, ya lo tienes tu en casa cada vez que quieres regañar a tu niño.

    • ¿Vas a hablarle a él, o vas a hablar con él?

    • En cualquier circunstancia, incluso cuando tengas muy claro que debes regañarle, es mejor que escuches primero lo que tiene que decirte sobre el tema, y luego irle discutiendo punto por punto, guiando su pensamiento y la forma en que ve las cosas hasta que él llegue a la conclusión que le querías dar. Sin ésta diplomacia, a veces puede llegar a ser imposible discutir con un adolescente.

  • Te has enfadado y le has gritado. A todos nos pasa. Es normal perder la paciencia.

    • Pero después de hacerlo, debes mirar si lo has hecho para desahogarte (que también nos pasa, nadie es perfecto), o porque querías explicarle algo y no has encontrado otra forma de hacerlo, díselo. Y si, aunque tu intención era buena, tienes que pedirle perdón porque te has pasado, que no te cueste hacerlo. Como dice Bernabé Tierno, “si quieres que tu hijo cuando se equivoca te pida perdón, debes darle tu ejemplos antes”.

    • Después de una discusión debes suavizar las cosas interesándote por otras cosas de su día a día. (¿cómo le va con tal amigo? ¿y aquel partido? ¿oye y tu que piensas de esto otro?)

    • Así tu hijo se dará cuenta de que lo que le has dicho no es por fastidiar, que te preocupas por él más allá de sus errores, y que aprecias su forma de ser en los demás asuntos.

  • Favoreciendo el encuentro, esos pequeños gestos importantísimos.

    • ¿Qué es una nana? Una canción que les cantamos para dormir, una sensación agradable que les damos con las palabras.

    • Tenemos que continuar por ahí. ¿Cómo? Leyéndole cuentos, enseñándole fotos nuestras de joven y contándole anécdotas de entonces.

  • Busca situaciones positivas para hablar, momentos de estar relajado y confiado.

    • Tendrás buenas ocasiones cuando estes jugando juntos, practicando un deporte, o incluso disfrutando codo con codo de una celebración.

    • Entonces será más fácil tratar ciertos problemas hablándolos de forma positiva y sin dramatismos.

    • “Te quiero”. Lo leemos en éste artículo, lo vemos en las películas… pero, ¿cuándo lo decimos? Son solo dos palabras, pero por su importancia, a veces nos cuesta un mundo pronunciarlas. Si quieres que tu hijo te lo diga, enséñale con tu ejemplo.

  • De todas formas, también te puedes quedar mirándole un rato, pensando en lo mucho que te ha costado criarle y verlo crecer…. en cuanto te pregunte el por qué de la sonrisa bobalicona que se te ha puesto, solo tienes que ser sincero.


“Modificar circunstancias en las que viven las personas…

no cambiar a las personas fuera de su contexto”.