La naturaleza enmarcada en una ventana

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Psicólogos Veracruz, Ver.
PSIC. HUGO HERCI | Problemas de aprendizaje y conducta en niños y adolescentes


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La bitácora del psicólogo by
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Llegué muy cansada a la habitación del hotel, esa ciudad te agota, el tráfico, el ruido, rodeados de gente que no te ven, apenas te sienten, sin embargo, debe tener su encanto para algunos, aunque no para mí, no en ese momento en el cual mi cuerpo no daba más y sentía todo el peso del viaje madrugador y del día.

Me quite la ropa lentamente, primero los zapatos, luego las medias, el pantalón, la camisa que aún conservaba uno de mis perfumes, pero solo cuando desabroche el brassiere empecé a sentirme sin cargas, y al deshacerme de la última prenda fue liberador, el día cobro un mejor aspecto, el ocaso estaba empezando y quería disfrutarlo, así que apague las luces y abrí la ventana que daba hacia afuera.

Fui a la ducha y deje la puerta abierta, pues de esa manera llegaba un poco el resplandor de la luz del día, o lo que quedaba de este. Sentir el agua tibia deslizarse por mi espalda y el resto de mi cuerpo fue algo tan placentero que me hubiese quedado así indefinidamente, pero al voltear y observar el atardecer, algo me impulso a salir… así, mojada y desnuda.

Me dirigí hasta la ventana… Un edificio en construcción tapaba la mayor parte de mi vista, pero no importaba, a la izquierda y alrededor de este se manifestaban imponentes los valles que circundan la ciudad, y el reflejo del sol detrás de estos. De repente ya no había edificios, ni automóviles, ni gente, ni luces, ni ruido, incluso el olor era diferente, respiraba un aire puro y templado que refrescaba mis pulmones…

Ahora si podía sentir el encanto, imaginar cómo fue alguna vez, cuando no luchábamos contra la naturaleza, cuando nuestra vida iba al compás de su ritmo. Empezaba a sentir el frío, se notaba en mi piel, en mis senos, pero estaba maravillada con la luz de tonos rosa y naranja que iluminaba casi todo mi cuerpo.

Sí, era un atardecer más de aquellos que tanto me gustan, pero tenía algo especial, me hizo darme cuenta que aunque no había marcha atrás, pues las ciudades tienden a expandirse, aún existe una parte fascinante para aquellos que queremos ver más allá de los edificios y el tráfico, la naturaleza nos hace pensar que hemos podido ganarle, pero ella aún nos envuelve y desafía a cada paso…

Perdí la noción del tiempo y el cielo ahora estaba iluminado por luces artificiales, con la habitación en penumbras mi cuerpo resintió el cansancio del viaje y las reuniones, sentí el frío en cada poro y me fui directo a acostar para envolverme entre las sábanas y abrazar las almohadas, si no hubiese estado sola en esa cama tan grande, el sueño y el cansancio serían lo de menos… pero en esas circunstancias no hubo nada que me impidiera dormir, hasta la mañana siguiente cuando el ruido de los automóviles anunciaron que la ciudad echaba a andar…

P.D. La ciudad pretende expulsar a la naturaleza, pero esta siempre estará presente.

P.P.D. Dudo que me hayan visto asomada a la ventana, y si fue así, tuvieron suerte…

 


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