Algo para reir…


Einstein, tras obtener el premio Nóbel de Física (por cierto, no por su creación de la teoría de la relatividad, sino por sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico), era invitado constantemente a dar conferencias en universidades y organismos científicos. Él solía viajar en coche y con chofer, y se dice que en cierta ocasión le comento al chofer que era tremendamente aburrido repetir siempre lo mismo. El chofer le contestó: “He oído su conferencia tantas veces que me la sé de memoria; si usted quiere, cualquier día puedo sustituirle y darla yo”.

Einstein le tomó la palabra y accedió un día en que suponía poco probable que alguien en la sala de conferencias pudiera reconocerle. Todo iba de maravilla (nadie le había reconocido, el chofer había expuesto muy bien la conferencia,…) hasta que alguien le hizo una pregunta sobre cuya respuesta el chofer no tenía ni idea. Tuvo sin embargo la ocurrencia de contestar…

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 “Su pregunta, caballero, es tan sencilla que estoy seguro de que hasta mi chofer podría contestarla, así que dejaré que sea él mismo quien lo haga”.

 

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